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29-07-2015

¿Cómo un tema indígena y de género logró la atención de un medio digital nacional?

¿Cómo un tema indígena y de género logró la atención de un medio digital nacional?

Mariana Escobar Roldán, periodista del diario El Tiempo, disecciona el trabajo que elaboró y se titula: “La incómoda verdad de los pueblos indígenas”.  Comparte potencialidades y etapas del proceso de investigación de este abordaje hecho desde el reportaje escrito, la visualización de datos y la imagen sobre la violencia física, sicológica y sexual contra mujeres indígenas colombianas al interior de sus comunidades.

Aciertos en la historia periodística

¿Qué destaca de su historia periodística?

“La incómoda verdad de los pueblos indígenas” es un especial multimedia que se aproxima con ética y estética a una realidad poco discutida entre las instituciones y ciudadanos, y aún menos entre los pueblos indígenas. Los testimonios que están en el conjunto de seis piezas periodísticas dejan ver que los grupos armados o los foráneos no son los principales agresores de estas mujeres, sino que la mayoría de vejaciones ocurren en sus patios, en sus cocinas o en sus habitaciones, con el agravante de que pasan desapercibidos y, en ciertos casos, son justificados por la justicia indígena.

¿Por qué cree que gustó la historia?

Los temas de indígenas suelen presentarse en los medios de comunicación con formatos poco atractivos y salpicados por posiciones políticas o por discursos lacrimosos. Sin embargo, este especial multimedia emplea recursos, testimonios y enfoques que presentan con argumentos, solidez y altura el debate de qué tanto opera la justicia indígena frente al alto número de casos de violencia contra sus mujeres. Las piezas periodísticas, además, van más allá de lo informativo: cada una, desde su alcance, rompe el silencio sobre esta “verdad incómoda”, que por miedo, desconocimiento o imposición queda vedada. Adicionalmente, el uso de herramientas multimedia incrementa las posibilidades de que el tema llegue más y mejor. Así, los medios saldamos la deuda histórica con los pueblos ancestrales.

¿El método de trabajo fue el adecuado? ¿Por qué?

La participación de mujeres indígenas en la construcción del especial multimedia no solo le permitió a las piezas acercarse más a la verdad de las comunidades, sino que se convirtió en una auténtica voz de sus problemas y necesidades más olvidadas. El guion de la videoinfografía se elaboró en compañía de Alexandra Cuellar, de la comunidad muisca; mientras Adriana*, del pueblo nasa, revisó línea por línea su testimonio sobre violencia sexual.  Por último, la posibilidad de ver cómo la integración de herramientas multimedia permite contar mejor aquello relacionado con indígenas y derechos humanos fue fructífero.

 

Fracasos

¿Qué no volvería a hacer?

Dejar de lado las historias y situaciones particulares de otras comunidades indígenas que, por tiempo y espacio, no fueron incluidas en el especial. Lo que ocurre en los patios traseros de los awá y los nasa es solo un pequeñísimo fragmento de la realidad de los indígenas. De otro lado, daría una participación más prominente de las voces de hombres indígenas que, pese a las críticas que plantean estas piezas periodísticas, tienen argumentos para explicar el trato a la mujer en sus comunidades.

¿Faltó alguna fuente por consultar?

Por supuesto. Faltaron los hombres indígenas que criticaron el especial cuando fue publicado. La situación fue más evidente en el caso de los awá y los nasa. Me hubiera gustado escucharlos con más juicio. Seguramente le hubieran dado más equilibrio a las historias. No obstante, fue difícil encontrarlos, que pasaran al teléfono y que hablaran del tema.

 

Dificultades

¿Cuáles fueron las principales dificultades de su trabajo?

Que buena parte de la reportería haya sido por teléfono. Esta metodología, necesaria por la falta de recursos para viajes, redujo las posibilidades de describir, de contar mejor, de encontrar otros personajes clave y de entablar un diálogo más abierto con los hombres indígenas. La planeación de extensos y detallados cuestionarios hizo posible que las entrevistas permitieran acercarse mejor a la realidad de las comunidades en zonas apartadas.

De otra parte, fue muy difícil relacionarse con las autoridades indígenas. De hecho, el trabajo se retrasó por el silencio de la Onic (Organización Nacional Indígena de Colombia) y de los líderes de los resguardos. Al parecer tocamos un tema sensible para ellos. La situación la sorteamos con insistencia, con múltiples solicitudes y argumentando el por qué del trabajo.

 

Ética periodística

¿Tuvo dilemas éticos?

Sí. Por una parte, cuando entrevisté a las mujeres awá encontré que, tal vez, ellas no eran tan conscientes del impacto de lo que estaban diciendo, que no entendían con claridad qué podía significar denunciar sus vejaciones, en un contexto de profundo machismo y de conflicto armado, ante un medio de comunicación nacional. Si bien las mujeres insistieron en que querían que sus historias se publicaran con nombres, y de hecho había un informe de una organización defensora de sus derechos que lo avalaba, la publicación provocó una situación tensa al interior de sus resguardos y por petición de una funcionaria de las Naciones Unidas fue necesario modificar algunos nombres en la web. Si bien no hubo hechos lamentables, debimos analizar con más cuidado si publicar o no la identidad de quienes denunciaban.

Un segundo dilema se presentó con la historia de la mujer nasa. Su denuncia pública de violencia sexual le había generado discriminación al interior de su comunidad. Un artículo periodístico en El Tiempo podía agravar la situación. No obstante, ella, que es profesional, decidió que se publicara la historia con sus datos. Ante la insistencia de que su integridad podía estar en peligro, decidió modificar su nombre y ubicación exacta. Con el artículo, dice, logró que le devolvieran su trabajo y llamar la atención de la justicia ordinaria.

 

Autoprotección

Presiones

Ninguna de gravedad, más allá de algunos correos electrónicos de hombres indígenas criticando con un lenguaje ofensivo la publicación.

 

Medio de comunicación

¿Logró apoyo de su medio de comunicación?

Sí. El despliegue de un espacio grande en la versión digital del periódico de mayor cobertura en Colombia, sobre un tema que no siempre despierta interés ni debate, significó bastante para la reivindicación de los derechos de los pueblos y dejó la sensación en los lectores de que El Tiempo de que el medio prioriza a las minorías en su agenda. Para esto fue clave identificar un tema poco tratado, de interés nacional, con unos rostros claros y con un sustento estadístico y social fuerte. Adicionalmente, fue vital el interés de mi editora, Natalia Bonnett, y sus recomendaciones sobre cómo trasladar al lenguaje multimedia lo que pudo ser solo una secuencia de párrafos en el papel. Si el medio no cree en las ideas del periodista, difícilmente este podrá ser una voz para los lectores. No obstante, hubiera sido positivo recibir recursos económicos para viajar a las zonas apartadas donde detectamos las historias.

¿Fue necesario publicar en otro espacio informativo? ¿Cómo enfrentó dicha situación?

No. Más bien el especial despertó el interés de otros espacios informativos. Judith Sarmiento me llamó para su programa en Radio Nacional de Colombia, y su pregunta fue: “¿Cómo una periodista joven se interesa por este tema y cómo logra convencer a un medio como El Tiempo de publicar sobre mujeres indígenas?”. La respuesta fue: contar distinto y contar mejor.

Aprendizajes

¿Cuáles fueron los aprendizajes?

Haber permitido que algunas víctimas, quitándose vendas del pasado, rompieran el silencio sobre sus formas de violencia y comprendieran que es hora de enderezar el camino para que los pueblos ancestrales consideren la equidad de género como un principio real y aplicable de sucosmovisión, dio muestras del poder transformador de un medio de comunicación. Esta misma idea se vio reflejada en el especial y llegó, por lo tanto, a cientos de usuarios que, según identificamos en comentarios y en redes sociales, se percataron de la esencia del proyecto.

¿Qué recomendaciones puede entregar a jóvenes periodistas

Tenemos la obligación de mirar a la ruralidad con criterio, con el interés y el peso que despierta cualquier historia de la ciudad. Allá, entre las tupidas montañas y selvas hay quienes piden ser observados y narrados. Su voz, muchas veces, no alcanza a llegar a nuestros teléfonos y correos, por eso es imperativo que los busquemos, los escuchemos y los contemos, que los contemos sin afanes y que les permitamos ser partícipes de la construcción de sus historias.

Las agendas de los medios están cargadas de vicios. Lo que los editores consideran importante no ha variado mucho desde el origen de este oficio. ¡Y necesita variar! Por fuera de lo prioritario se quedan las minorías, las víctimas, los sin voz. En manos de los jóvenes periodistas está el cambio y, convencida, creo que se logra contando mejor y contando distinto.