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22-05-2015

La masacre del Naya: memoria de dolor, injusticia y destierro

La masacre del Naya: memoria de dolor, injusticia y destierro

La violencia y el riesgo que hay en el Departamento del Cauca debido al continuo registro de asesinatos entre campesinos, afrocolombianos e indígenas, describen un contexto donde son los grupos armados los que dirigen acciones para que persista este ambiente de impunidad; para muchos pobladores se traduce como la pérdida del sueño de regresar a la tierra natal.

|     Fotografía: Alejandra Quintero   |

Esta pieza periodística se centra en la zona y el paisaje del Naya, un contexto geográfico en medio de la selva del Pacífico colombiano; territorios de las estribaciones de la cordillera occidental, habitados por campesinos, indígenas y afrodescendientes, donde abundan minerales como el oro, el agua, el carbón y la madera; territorios donde la guerra dirigida por las acciones de guerrilleros, paramilitares y soldados, ha sembrado impunidad.

Se relata aquí la arremetida de los paramilitares en la Semana Santa llena de terror, por no llamarla, semana paramilitar, del 11 de abril de 2001 en Patio Bonito; masacre en la que asesinaron a cinco campesinos. Fueron 300 paramilitares del bloque Calima, al mando del ex paramilitar Hébert Veloza, alias H.H., quienes atraviezan el territorio y con motosierra y sevicia acaban con la vida de los pobladores.

Estas escenas de violencia se quedaron en la memoria de los niños que saltaban, en ese entonces, entre los cuerpos descompuestos de sus familiares para salir de la zona. Imágenes que reúnen asesinatos de la peor magnitud, la barbarie cometida contra las comunidades del Naya, donde el no tener la cédula significaba morir a machetazos.  La investigación reconstruye esta ruta de muerte en busca del poder sobre los minerales: las Auc atraviesan el Naya hasta llegar a El Saltillo, masacrando a más de 46 campesinos, indígenas y afrodescendientes, según la comunidad desplazada.

Entre los puntos fuertes a destacar del reportaje, se encuentra el contexto por el que pasa esta población olvidada; los problemas de la zozobra en la que viven los pobladores del Naya:

  • La Universidad del Cauca y el Incoder luchan por la propiedad de los predios en donde viven estas familias.
  • Presiones para que abandonen las tierras.
  • Cifras de desplazamiento: 5000 personas fueron expulsadas en 2001. 300 de ellas reubicadas en el resguardo de Kitek Kiwe.
  • Asesinatos continuos de líderes que defienden los Derechos Humanos de las comunidades del Naya.
  • La comunidad minera lidia con las multinacionales una constante lucha por el usufructo del metal.

Además, esta masacre es "continua y silenciosa". Como lo subraya el texto: “Aún persiste la violencia física y psicológica que algunos grupos armados se han encargado de perpetuar (...) aún no se detiene, borra selectivamente rastros de aquella matanza cometida en el Naya y sigue sembrando el terror en la región”. Es aquí donde se haya otro dato importante de esta historia: la reconstrucción del asesinato de Álex Quintero, pieza clave en las investigaciones de la masacre, quien denunció públicamente, en su momento, los nexos entre el ex gobernador del Cauca Juan José Chaux y altas mandos militares con los paramilitares del bloque Calima.